Ponerte en los Zapatos del Otro


Siguiendo algunos clichés de mi género, soy amante de los zapatos…. Ok, admito, gran amante de los zapatos. Esta mañana para ir a trabajar elegí unos zapatos que me encantan y que no uso casi nunca - tacón alto de madera pintado color rosa oscuro, parte superior de cuero color crema, talón cubierto de piel falsa de serpiente, y por dentro un forro de fondo celeste con estampado de flores. Acto seguido mi mente, que sigue caminos extraños e impredecibles, me llevó a pensar en el refrán “ponerse en los zapatos del otro”. Quizás porque estos zapatos en particular son muy distintos a lo que suelo llevar, y porque me hizo pensar que según el zapato que me ponga yo misma paso a ser otra.

Es interesante la necesidad, el deseo, la costumbre y a veces hasta la imposición cultural de pensar en los demás. Incluso en ciertas religiones existe un mandato de poner a los demás antes que a uno mismo. Sin duda la capacidad de ser empático con el prójimo es una gran virtud, sin embargo, me pregunto hasta qué punto nos escondemos detrás de esta virtud, obviando lo importante que es ser empático con nosotros mismos.

Hace no tanto tiempo descubrí hasta qué punto he sido capaz de no aceptarme, de no perdonarme, de no cuidarme, de no amarme … todo esto disimulado bajo las supuestas bondades del incesante impulso para ser mejor. Pero esta sutil presión de ser mejor – en el sentido que sea, tiene implícito el mensaje de que tal cual somos no somos suficiente. Es desde esta creencia inconsciente, que parten los sutiles conflictos dentro de nosotros, que afectan inclusive la armonía a nivel celular. Si agregamos a este conflicto interno en el subconsciente la obsesión de mirar siempre fuera de nosotros para encontrar tanto lo que nos llena, como lo que nos hace daño, podemos ver el patrón que nos roba de nuestro verdadero poder. Ese mismo patrón que nos desvaloriza y nos impide ver la fuerza que tenemos y la capacidad de crear nuestra realidad.

No quiero decir con esto que sentir por los demás, personas, animales, plantas, territorios, no sea válido e importante. Pienso que lo es, y además tiene la posibilidad de llenarnos de una manera inigualable. Simplemente hago una reflexión sobre la importancia de amarnos a nosotros primero. De lo contrario, buscaremos siempre fuera de nosotros las respuestas y explicaciones, cuando todo está dentro – lo bueno, lo malo y lo feo.

Hace unos meses le decía a alguien que acababa de conocer, que me interesaba conocer todos sus lados, la luz y la oscuridad. Tanto más fácil aceptar la oscuridad ajena que la propia, a veces.

La vida es un milagro, un misterio y un breve paseo durante el cual nuestro espíritu toma forma física por un rato, permitiéndonos sentir, gozar, sufrir, disfrutar, crecer… poniéndonos los zapatos nuestros y a veces también los ajenos.

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