Mi nombre es Iyari

Updated: Feb 8, 2019


Arte de la nación huichol de México. Iyari significa "corazón" en su idioma.

Cuando decidí que quería tomar un nuevo nombre jamás imaginé el grado de transformación que involucraría el proceso. Siempre me gustó mi nombre – Sarah. Suena hermoso, se ve hermoso, funciona bien en todos los idiomas, y además crecí creyendo que significaba “princesa” en hebreo. Resulta que ninguna persona que hable hebreo tiene conocimiento de ello, pero bueno, a mi me valía, y es lo que importa.

Total que todo este asunto del nuevo nombre era un gran paso, lanzarme a lo desconocido de adoptar una nueva “etiqueta”, sin si quiera saber cual sería, y qué tal si me tocaba un nombre feo. Dios sabe que a mi no me gustan las cosas feas, con lo superficial y vanidosa que puedo ser. En todo caso, sentí el llamado de hacer esto de todos modos. Principalmente porque me sentía lista para soltar todas las ataduras a mi ser, a mi identidad. Estaba lista para considerar la posibilidad de verdaderamente permitirme ser cualquier cosa – libre de mis antiguas identificaciones con esto o aquello. Asi que lo hice. Hice el retiro de silencio, escribí la carta pidiendo un nombre nuevo, me senté en la primera fila del temazcal, frente a las rocas (las cuatro rondas!), y cuando llegó el momento voltié la piedra y allí, escrito en piedra estaba mi nuevo nombre: Iyari Nanaima – Corazón de Luz en el Vacío. Es difícil de traducir, sobre todo la parte del Vacío, pero como me hago llamar Iyari, pues digo que significa Corazón Brillante y ya está. La verdad es que no me enamoré inmediatamente del nombre, pero estaba tan feliz, honrada por este rito de iniciación dentro de mi adorada familia elegida, y lista para explorarme a mi misma con ojos frescos. Todo esto sucedió en abril de 2018. Luego, en septiembre, me diagnosticaron un cáncer de mamas. Aja. Mi vida entera volteada al revés, atacada, paralizada, aterrada.. MIERDA. Todo parecía estar andando tan bien, y ahora... mega obstáculo en el camino. Puto cáncer. Mi abuela y mi tía ambas murieron de eso. Ambas lo tuvieron por primera vez cuando tenían treinta y tantos años, a ambas le quitaron una mama (que no le reconstruyeron), y a mi abuela le volvió a los setenta y pico y a mi tía a los cincuenta y tantos. Mal asunto. Claramente ahora me toca hacer historia en la familia, sanar todo el linaje femenino y seguir para adelante con mi vida, ¿no? Ay Dios, pues más fácil decirlo que hacerlo. Y así, de repente, todas estas lindas ideas de convertirme en una nueva persona han cobrado todo otro significado, y se han vuelto más crudas, y bastante más reales. Soltar mi antiguo “yo”, ahora significa estar totalmente comprometida con escavar profundamente, y encontrar, aceptar, amar, transmutar y transformar todos los aspectos de mi ser que permitieron que un cáncer se formara en mi cuerpo. Significa diseccionar minuciosamente mis pensamientos, sentimientos, emociones y acciones, identificando aquellos que apoyan la salud, el equilibrio, la armonía y el amor, y aquellos que alimentan el conflicto, la duda, el caos y el desequilibrio. Aja, una maravillosa oportunidad, y tremenda patada en el trasero. O crezco yo, o crece el cáncer, así de sencillo. O me vuelco en este viaje, y le dedico mi total atención, o muero en el intento, literalmente. De hecho, podría morir de todos modos. Tranquila, cero estrés.

Y así pues, este es el cuento de ese viaje... con todos los detalles de lo que ha pasado por el camino. Y lo loco es que se siente como esos libros donde uno “elige su propia aventura”, escogiendo al final de cada capítulo a que página quiere ir, y así cambiando el resultado, y al igual que en esos libros, no tenemos ni idea de cuál será el resultado. Supongo que lo bueno es que estoy en una aventura. Siempre admiré a esos exploradores que viajaban a nuevas tierras, y regresaban con historias fantásticas de los lugares y las personas exóticas que conocían. A menudo sentí que mi vida era un poco aburrida, que le faltaba emoción. Bueno, ahora sí que tenemos emoción! Tenemos guías espirituales y shamanes, médiums y videntes, y hasta tenemos sanadores que canalizan los poderes del último emperador azteca. También tenemos a varios tipos de oncólogos y cirujanos, hospitales de lujo, cirugías importantes, homeópatas, osteópatas y consultores en tratamientos integrativos para el cáncer. Y les advierto, esto es apenas el principio. Asi que si quieren acompañarme en esta aventura, les invito a seguir mi blog. Puedo prometerles honestidad, transparencia, cuando sea posible un toque de humor, y de seguro mucho mucho amor.

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