El monstruo maestro del miedo


"Muévete, pero no de la manera en que el miedo te hace mover" - Rumi

Después de varios meses intensivos de trabajo interno, es decir, terapias, conversaciones guiadas, prácticas de respiración y meditación profundas; soy agudamente más consciente de mis emociones y de sus impactos en mi cuerpo y en mi vida. El otro día hablando con un amigo salió la expresión aquella “dejarse llevar por las emociones” y comentamos un poco de los beneficios y desventajas de manejar nuestras vidas así. Había una noción un poco romántica de que dejarte llevar por las emociones te permite un mayor grado de libertad y de vivir las cosas más intensamente, de manera menos medida. Se me ocurre que hasta cierto punto se podría percibir incluso como una manera más natural de vivir la vida, menos forzada.

Innatamente dada al romanticismo, me parece que durante gran parte de mi vida adulta he sido partidaria de esta noción romántica, seguir mis emociones y ser libre como el viento... Me resulta gracioso escribir y leer esas palabras porque ahora veo tan claramente que todo el tiempo estuve combinando/confundiendo emoción con intuición. Desde mi perspectiva actual está clarísimo que las emociones no son tu mejor guía, especialmente no el miedo. Existe un miedo instintivo, el que surge en situaciones de extremo peligro para la vida de uno, ese es natural y saludable. Pero ese miedo que se esconde sutilmente detrás de todo y que nos aleja del amor, ese no lo es.

Si agarramos todas las emociones: miedo, angustia, temor, tristeza, alegría, envidia, celos, orgullo, felicidad, rabia, amor, tranquilidad… he entendido que todas se pueden reducir a dos básicas, que son el amor, y el miedo. Y entre estas dos emociones básicas vibramos todo el tiempo y según a cuál le demos más energía, así se ven afectadas nuestras decisiones, y reacciones a todos los niveles de nuestra vida y nuestro cuerpo.

He estado atravesando semanas enfrentando miedos profundamente arraigados. Parece ser que a raíz de todo el trabajo interno que he hecho, todo se está manifestando en mi vida para poderlo resolver en la cotidianidad. Sea cual fuere el caso en cuanto el origen de las cosas, el asunto es que he estado enfrentando retos en cuanto a mi relación con mis hijos, tocando mi temor básico de madre de alguna manera perder a mis crías; retos financieros inesperados sacudiendo el piso sobre el que frágilmente estoy sostenida; y recientemente hace unos días descubriendo cosas en mi cuerpo que me hicieron pensar que quizás el cáncer había vuelto. En cada uno de estos casos me encontré físicamente en estado de shock, en algunas ocasiones tan intensas que mi cuerpo ha tardado varios días en poderse relajar del todo.

Y, de repente, no puedo evitar sonreír. Porque la última vez que sentí este shock por miedo intenso, fue tanto el amor que me sostuvo, que pude atravesar ese espacio de fuerte incomodidad con fluidez y salir bailando. Y me doy cuenta que el amor sí mueve montañas, y que aunque mirar hacia adentro y ver lo bueno, lo malo y lo feo dentro de uno mismo no es una tarea fácil. Las recompensas son infinitas.

Doy gracias por mis maestros y maestras. Todos somos uno.

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